DISCO

PRESENTACIÓN

VÍDEO – Presentación del disco en el Instituto Cervantes

VÍDEO – Making of del disco

REPERTORIO MUSICAL

VIDEOCLIP – Ángeles que nadie ve

AUDIO – Ángeles que nadie ve

VIDEOCLIP – Vivas nos queremos

AUDIO – Vivas nos queremos

COLABORACIONES LITERARIAS

ISABEL ALLENDE

INVISIBLES

Las mujeres que me inspiran y protagonizan mis libros son aquellas que nunca son derrotadas, que sufren pérdidas y traumas, pero vuelven a ponerse de pie y son capaces de bondad y alegría. El patriarcado, que ha regido al mundo por milenios, es un sistema de opresión que le da dominio al género masculino, pero ahora se enfrenta a la revolución de las mujeres. El feminismo, como el océano, es fluido, poderoso, profundo y contiene la inmensa complejidad de la vida; se mueve en olas, corrientes, mareas y a veces tormentas. Como el océano, el poder desatado de las mujeres no se detiene y no se calla.

LUIS MARÍA ANSON

INVISIBLES

No creo en las cuotas. Paso a la mujer que se abre paso. Nadie ha manejado la belleza del idioma español, salvo Cervantes, como Teresa de Jesús. Pero ciertamente, durante largos siglos, la mujer ha sido casi invisible en la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, las letras y la ciencia. En los últimos cincuenta años, sin embargo, se han abierto todos los caminos a la esperanza. La presencia de la mujer en la vida cultural se multiplica años tras año. Y a nadie o a casi nadie se le ocurriría hoy en España cerrar paso al talento porque sea de una mujer. La discriminación, salvo excepciones lamentables, ha concluido. Y la expresión cultural se enriquece de forma evidente con la aportación de las mujeres que se han abierto paso por su calidad.

ELIA BARCELÓ

ESTRATEGIAS PARA ANULARTE

A lo largo de los últimos cinco o seis mil años, por dar una cifra aproximada, las mujeres hemos sido sistemáticamente invisibilizadas, borradas, reducidas a nuestros cuerpos, y nuestra función sexual y reproductora. Se nos ha negado la formación, la capacidad de decisión propia, la voz y la palabra, la expresión de nuestra creatividad, la elección de nuestro futuro, la libertad de movimientos, la vida sexual, la existencia misma, relegándonos a un puesto apenas por encima de los animales domésticos. En muchos lugares del mundo las mujeres siguen siendo, de hecho, esclavas de los hombres; objetos, no sujetos de pleno derecho. Se las casa contra su voluntad, se las mutila, se las golpea, se las viola, se las asesina. Todavía hoy, cuando se habla en los medios de «minorías», nos incluyen, a pesar de que las mujeres somos el 52% de la población mundial.

Gracias al trabajo y a la lucha de muchas mujeres y algunos hombres, hemos progresado, tenemos derechos y libertades y, al menos jurídicamente, no hay diferencia entre varones y mujeres. Sin embargo siguen existiendo técnicas de invisibilización porque la mentalidad machista y patriarcal sigue vigente, y tratan de convencernos de que todo se hace sin mala idea, por amor, «por nuestro bien».

Fíjate en estos ejemplos de comportamientos y actitudes. Son estrategias para borrarte, para hacerte invisible, para neutralizar tu existencia, tu potencial, tu futuro. Son veneno. Con la intención que sea, son tóxicos y no podemos aceptar que nos traten así. Nadie. Nunca. Por ningún motivo. Si alguien te trata así, no te quiere, diga lo que diga.

Te dice que te quiere y que todo lo que hace por ti es por tu bien, aunque no estés de acuerdo, aunque te duela.

Te convence de que, con lo poca cosa que tú eres, sin embargo te quiere de verdad, y lo único que pretende con sus consejos es mejorarte.

Te dice que no te esfuerces, que nunca llegarás a nada.

Minimiza tus logros: «Bueno… te han puesto un diez, pero es que la profe te aprecia mucho», «Tu relato/dibujo/canción/invento está muy bien, pero podría ser mejor, y además, muy original no es…», «Te ha ayudado tu hermano, ¿verdad?», «¿Lo has sacado de internet?», «La comida está bastante buena, pero es que la receta era de un gran chef».

Te explica lo que ya sabes y te repite ideas que tú habías expresado, como si fueran de él. Luego las publica como suyas.

Te «sugiere» cómo vestirte, a quién puedes ver, con quién puedes hablar.

Te dice «yo sé cómo son los tíos; haz lo que yo te diga, que yo, de eso, entiendo».

Te hace sentir débil, necesitada, incapaz de solucionar tus propios problemas.

Te convence de que las mujeres independientes y que quieren tener una buena carrera profesional, acaban solas, sin pareja, sin que nadie las quiera.

Se ríe de ti cuando expresas opiniones y te dice que las mujeres, calladitas, están más guapas.

Quiere que escuches canciones en las que las mujeres son propiedad de los hombres, «por amor».

Te explica que es normal que ganes menos por el mismo trabajo que un hombre porque «es cuestión de calidad», igual que los premios o que los ascensos en el trabajo.

Te dice que no eres una mujer «de verdad» cuando quieres ejercer tu libertad para hacer lo que a ti te parece correcto.

Quieren que desaparezcas, que no hagas sombra, que no existas como ser independiente, que seas transparente, invisible.

Las mujeres tenemos que ser conscientes de nuestra valía, apoyarnos entre nosotras, no dejarnos convencer de que todas las demás son nuestras rivales, elegir hombres inteligentes, sensatos, que quieran ser compañeros de camino, no dueños. Tenemos que librarnos, también nosotras mismas, de actitudes machistas. Quitarnos los tacones, llenarnos de bolsillos. Vestirnos de lo que queramos cuando queramos.

Nosotras decidimos quiénes somos, adónde vamos, cuál es nuestro bien.

La intención no cuenta, lo que cuenta son los hechos.

Como decía una pintada sobre el Muro de Berlín: «Solo quieren nuestro bien. Pero no se lo damos».

GIOCONDA BELLI

LAS ASESINADAS

El pequeño pie de la mujer
sobresale bajo la sábana.
Bonito el pie, delicado.
De seguro le gustaría andar con las uñas pintadas
calzar altos zapatos elegantes.
El otro pie, todavía conserva
la sandalia del diario, de trabajo.

No es difícil imaginarla contenta y dicharachera
vendiendo naranjas o verduras en el mercado
-¿qué va a querer, doñita, le doy buen precio-.
Hablando con la vecina del tramo
mientras se sopla con el trapo
porque hace calor.
Es de las que llegan a la casa y sientan al hijo a hacer las tareas
-estudiá muchacho, si no nunca vas a ser nadie-
y lava y plancha
y ya cuando el hijo duerme
mientras ve las noticias en el pequeño televisor
frente a la cama,
saca la lima, la acetona, se quita la pintura vieja de las uñas
y se las pinta con cuidado en lo que pasan los anuncios.

Al día siguiente.
el esposo, el amado o el descartado
llegará con los celos, la pendencia, el orgullo.
Será el grito, el manotazo.
La matará hundiéndole un cuchillo en el pecho.
Todavía incrédula
ella caerá al suelo de espaldas.

En la foto del periódico
nosotros veremos el pie delicado
asomar bajo la sábana que tapa su cadáver.
Veremos el otro pie todavía con la sandalia puesta.
Pies tristes. Ya sin dueña que les pinte las uñas.

Pies tristes. A diario.
Contando la misma historia.

ROGELIO BLANCO

LAS SINSOMBRERO II

Tras «la aventura republicana» y el triunfo del franquismo la mujer española queda reducida a su papel tradicional: esposa y madre; a las tres «c´s»: cocina, cuna y comunión o a las tres «m´s»: matrimonio, madre y misa, trasuntos de las conocidas tres «k´s» nazis -(Kinder, Kirche y Küche)-. No obstante, desde 1939 a 1975, a pesar del intento de postergación, las mujeres mantienen su presencia creativa con fuerza en la poesía, bien participando en las líneas oficialistas del momento desde tópicos castizos o heroicos bien desde líneas renovadoras, tanto desde la poesía arraigada con sus formalidades clásicas o en la desarraigada donde conviven la soledad y la ruptura entre estereotipos reconocidos. La Generación del 27 y la del Toro (1936) depositaron rescoldos que emanaron con viveza tanto entre las poetas exiliadas en el exterior como entre las peninsulares. Las creadoras se niegan a cerrar los ojos, a olvidar el pasado reciente, aunque se pretendiera silenciar, ausentarlo. La rebeldía de muchas se plasma, pues se oponen al discurso dominante y al modelo femenino pretendido. Son las desarraigadas.

En 1944 se renueva la poesía, se libera de formalidades métricas u otras. El tiempo, la pérdida de la juventud, la muerte y otros existenciales se presencian; también llega la poesía social, el uso del verso como denuncia, la voz que se niega ser silente. La promoción de los 60 vuelve a la expresividad, abandonada en década anterior en pro del contenido. Los novísimos, en la década de los 60, marcan otra vía, la defensa de la poesía por sí misma tras romper con el realismo y la poesía-denuncia. Se defiende el poema como arte, como creación. Surgen poemas intimistas y cuidados. Aparece el grupo Cántico con cuidada formalidad; avanza el postismo, experimental y rupturista. Mientras… en el exterior, si bien la mujer creadora exiliada tiene peores circunstancias que el hombre, su poesía en las primeras décadas de la posguerra es diferente a la que se realiza en España. Frente a los modelos formalistas, introspectivos y escapistas en espacios heroicos, la poesía de las exiliadas renuncia a ser refugio, evoca la memoria presente del tiempo ausente, se carga de cierto pesimismo, de nostalgia contenida, de vivencias habidas en la matria perdida. La poesía de las exiliadas se niega a cerrar los ojos, a olvidar el pasado reciente; la rebeldía se plasma. Se oponen al discurso dominante y al modelo femenino oficial. Son exiliadas y desarraigadas que disponen de fuerza y vitalidad políticas, también de temática más amplia, pues carecen de censura política; tras la nostalgia sostienen la identidad entre la juventud destruida y el futuro incierto. Su poética se renueva a la vez que sostiene el tono poético sempiterno. La poesía exiliada, si bien carente de protección oficial, ni se oculta ni se refugia en escapismos fáciles. La guerra, la muerte y la memoria se explicitan. A la vez que estas poetas no cejan de expresar su situación y su estado creativo circunstancial, tampoco olvidan que la victoria de Franco convirtió a España en «Cementerio de vivos» (Concha Zardoya): «Cementerio o corral donde se pudren / los días y los sueños, las nostalgias. /(…). Los vivos con los muertos se confunden / en el triste corral de las Españas».

Con la llegada de la democracia se avivan las miradas hacia las creadoras de «La España peregrina», de las exiladas tanto del exterior como del interior. Esta mirada nos descubre olvidos y muchas riquezas. «Las Sinsombrero» son vivo ejemplo que se patentiza de continuo y, en este caso, nuevamente de la mano del cantautor Paco Damas, que aviva rescoldos creativos, palabras y mensajes perennes en el fuego creativo de las poetas a fin de reconocer la vitalidad creativa gestada, con frecuencia en circunstancias adversas. Con su música, Paco logra que no se olvide tanto compromiso, tanta creatividad.

LUIS ALBERTO DE CUENCA

LA MALTRATADA
(de «El reino blanco», Madrid, Visor, 2010)

Tengo sed. Me has quitado las praderas del Norte,
regadas por arroyos de respeto y cariño.
Tengo frío. Te has ido con el Sur de mi alcoba,
dejándome las huellas de tu hielo en mi cuerpo.
No sé qué hacer. La vida me parece una tumba
donde me has enterrado viva, una oscuridad
irrespirable, un túnel sin salida, una muerte
prolongada, el vacío, la ausencia, el desamparo.
Me siento tan vencida por tu odio, tan débil,
tan aterrorizada y tan inexistente,
que no puedo llorar, ni llamar por teléfono
a mis padres (que acaso me dirían: «Aguanta,
que por algo naciste mujer»), ni hacerle señas
a la vecina desde la ventana. Me quedo
acurrucada en un rincón del dormitorio,
esperando que vuelvas y sigas arrasando
con gestos de desprecio, con golpes y con gritos
aquel campo de amor que cultivamos juntos.

PEPA FERNÁNDEZ

RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO

La historia ha negado a las mujeres la formación, las oportunidades, el reconocimiento y, sobre todo, la igualdad. Muchas pioneras, a pesar de las dificultades que las atenazaban, consiguieron que su creatividad se abriera paso gracias a la discreción, el secreto o la falsa identidad. Por eso es de justicia que les otorguemos hoy la voz y el aplauso que la sociedad les escatimó. Y por eso son tan loables iniciativas como esta de Paco Damas.

La vida no nos permite rebobinar. Pero sí cambiar las cosas. Y lo estamos haciendo. Por nosotras mismas pero también en nombre de aquellas que fueron arrinconadas, vejadas, vilipendiadas, oprimidas, reducidas a objeto. Estamos ocupando los espacios de los que ellas fueron desplazadas. Sin timidez ni complejos. Mirando al tiempo pasado de la injusticia pero sabiendo también que nuestro presente empieza a anunciar un futuro inmediato de igualdad, en el que no valdrán ni el victimismo ni la autocomplacencia. Vamos por el buen camino. Y tenemos muchos aliados con los que ir codo con codo hacia una sociedad mejor. En homenaje a nuestras antecesoras y en justicia con nosotras mismas. Aprendamos del pasado sin instalarnos melancólicamente en él. El futuro está llegando.

ANTONIO GAMONEDA

VISIBILIZAR LO INVISIBLE

Pienso que un escritor tiene frecuente oportunidad de preguntarse si su trabajo posee algún valor como hecho que proporcione beneficio práctico o moral a otras personas o a la situación vivencial de otras personas. Me parece que la respuesta más numerosa sería negativa o, cuando menos, dudosa.

No hago esta reflexión para sacar la consecuencia de que todo escrito debe llevar consigo esa utilidad solidaria, no siempre posible. Simplemente, opino que resulta extraño –y poco reconfortante– que la utilidad que digo, presente, con un grado de solidaridad o con otro, en todos los siglos de la escritura, no se haga ver apenas en los nuestros contemporáneos, en el XX y el XXI.

Solidario es, en el más noble de los sentidos, el impulso que me pone en situación de redactar este «miniartículo», el impulso de Paco Damas. Este cantautor está esforzándose nada menos que en «visibilizar lo invisible». Esta es una de las claves de su propósito y la razón del impulso. Me explicaré mejor.

Damas postula la convicción de que la mujer (la persona humana femenina, tan persona y tan humana como pueda serlo la del varón) está, con demasiada frecuencia, «invisibilizada». Esta circunstancia, desdichadamente cierta, tiene múltiples alcances. Social y culturalmente, el status femenino ha sido –sigue siendo en buena parte– subsidiario y difuso (sólo ahora empieza a saberse de algunas notables artistas y escritoras que lo fueron en los pasados siglos); individualmente, la que fue su tarea imprescindible en el hogar no se valoró nunca y, actualmente, aun contando con algunos cambios positivos, todavía parece «raro» que una mujer esté o quiera estar en un cargo relevante. Al mismo tiempo, crecen la falta de respeto y la «violencia de género»: son demasiados los varones que piensan que su violencia es invisible.

Así fue y es una mala situación que ha de tener sus remedios. Uno de ellos, muy sensible y grato además, es el que ha puesto en práctica Paco Damas. Convoca a mujeres y hombres notables, y a otras y otros que no lo serán tanto, y nombrándolos/as, destacándolos/as, poniéndolos/as a cantar, a escribir y a lo que sea menester, crea una presencia coral con una partitura específica: Las Sinsombrero. Las que están «ahí» o las que vienen a estar para que lo invisible deje de serlo. Los varones «arrimamos el hombro», que es lo conveniente y no es poco.

Gracias a Paco Damas. Y que se cumplan todas sus esperanzas. Cuanto antes.

MIGUEL GANE

ARDE

Entiendo la poesía desde el grito de aquellas mujeres que no pudieron tener voz. Más que nunca, la visibilidad es necesaria ante la ceguera, más que nunca, hay que arreglar lo estropeado. Proyectos valientes, personas concienciadas, son necesarios para no caer en la misma trampa de siempre. Desde un lado, Paco Damas es muestra de ello. Pero también lo son las mujeres que llevan años peleando, pero también son los jóvenes, en los institutos, en los colegios y en las redes sociales. Jóvenes que han entendido el feminismo y que se indignan ante lo injusto. La literatura siempre ha estado al servicio de aquellos que lo necesitan. Este proyecto son las manos de las Sinsombrero. Las manos y la vida. Pero también haca falta el grito. Escribí «Arde» después de una conversación con mi expareja. Me contaba todo lo que había sufrido en la relación que vino después de mí: insultos, maltrato psicológico, golpes, control…, Pero sobre todas las cosas, silencio. Fruto de la rabia, salió el primer verso. El poema llegó a mí como un río que se abre paso entre las rocas y, de alguna manera insólita, lo deja todo ardiendo. 

Arde
No, calladita no estás más guapa.
Tú eres preciosa cuando luchas,
cuando peleas por lo tuyo,
cuando no te callas
y tus palabras muerden,
cuando abres la boca
y todo arde a tu alrededor.
No, calladita no estás más guapa,
sino que un poco más muerta,
y si algo sé sobre ti
es que no he visto a nadie,
jamás,
con tantas ganas de vivir.
Gritando.

LUIS GARCÍA MONTERO

(DE «HABITACIONES SEPARADAS»)

Mujeres

Mañana de suburbio
y el autobús se acerca a la parada.

Hace frío en la calle, suavemente,
casi de despertar en primavera,
de ciudad que no ha entrado
todavía en calor.
Desde mi asiento veo a las mujeres,
con los ojos de sueño y la ropa sin brillo,
en busca de su horario de trabajo.

Suben y van dejando al descubierto,
en los cristales de la marquesina,
un anuncio de cuerpos escogidos
y de ropa interior.
Las muchachas nos miran a los ojos
desde el reino perfecto de su fotografía,
sin horarios, sin prisa,
obscenas como un sueño bronceado.

Yo me bajo en la próxima, murmuras.
Me conmueve el recuerdo
de tu piel blanca y triste
y la hermandad humilde de tu noche,
la mano que dejaste
olvidada en mi mano,
al venir de la ducha,
hace sólo un momento,
mientras yo me negaba a levantarme.

Que tengas un buen día,
que la suerte te busque
en tu casa pequeña y ordenada,
que la vida nos trate dignamente.

MIGUEL LORENTE ACOSTA

LA HISTORIA DE NADIE EN LA NADA

¿Dónde se guarda la memoria?…

Dicen que el saber no ocupa lugar, pero si cada cosa que sabemos no está en ningún sitio será que no es nada. Y si no es nada, entonces, ¿cómo puede ser?

La memoria tiene el compromiso de la existencia, no es el recuerdo, ese viaje del pasado hasta el presente del que hablaba el psiquiatra Henry Ey, para recuperar parte de lo vivido en el plano personal. La memoria es la experiencia compartida hecha realidad. Yo no puedo recordar algo no vivido, pero sí tener memoria del momento que lo hizo posible.

Los hombres les han quitado la memoria a las mujeres para reducir sus vidas a sucesos personales, siempre alrededor de los roles, tiempos y lugares decididos por ellos, sin nada que compartir y sin nada que dejar en la memoria común de la convivencia. De ese modo la historia se ha quedado sin mujeres, unas veces por no haber podido estar, y otras por no haberles permitido permanecer. Sólo ellas guardaban sus recuerdos al margen del espacio de lo común en espera de la memoria.

La historia de las mujeres bajo mirada de los hombres ha sido «la historia de nadie en la nada». Pero esa historia ya se ha acabado…

Las mujeres han hecho memoria de su experiencia, nos recuerdan la injusticia de la desigualdad y nos enseñan que el olvido no es un accidente, sino un arma de destrucción masiva de sueños y realidades.

El olvido, en cambio, sí ocupa lugar, el lugar de quienes han sido desplazadas de la historia.

FEDERICO MAYOR ZARAGOZA

LAS INVISIBLES – LAS SINSOMBRERO

¡Con tantas cosas que decir y que cantar
… y los labios cansados de callar!
Silenciadas,
desoídas,
cuando dan la vida,
cuando cuidan la vida
que dieron,
mujeres que crean,
crían
… y esperan todavía,
y aguardan siempre.
Mujeres hechas invisibles
durante siglos.
Ahora, por fin, todos iguales
en dignidad.
Todos bien aparentes.
Por fin, nosotros.
Y, delante,
caminos por hacer.

JOSÉ MARÍA MERINO

ESTULTICIA O MALDAD

A lo largo de esta temporada pandémica he estado trabajando en un texto novelesco que tiene como especial referencia a la pintora italiana Sofonisba Anguissola, un personaje que estuvo muchos años en la corte española de Felipe II y que, mientras vivió la reina Isabel de Valois, fue instructora, en materia de pintura, de sus hijas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Poco a poco, se ha ido desvelando que varios de los retratos atribuidos a Juan Pantoja de la Cruz, Alonso Sánchez Coello o el propio Greco, fueron pintados por Sofonisba. Buscando datos sobre ella, encontré el testimonio de un pintor e historiador del arte, Giorgio Vasari, coetáneo suyo que, elogiando a Sofonisba, dice:

Pues si las mujeres saben hacer tan bien a los hombres dándoles vida, ¿cómo puede maravillarnos que, aquellas que quieran, sepan hacerlos igualmente bien pintados?

Me parece una muy aguda reflexión que, ceñida a la pintura, enriquece mi perspectiva de la mujer. En materia de arte, o de literatura, no hay productos masculinos o femeninos, sino productos mejores y productos peores. El menosprecio previo de algo por su condición femenina va más allá del sexismo: es estulticia o maldad.

Felizmente, creo que las cosas están cambiando con rapidez y que la marca del sexo como determinante de categoría acabará desapareciendo pronto, si la realidad se desarrolla de modo lógico, racional y, sobre todo, justo.

JUAN CARLOS MESTRE

LA ESTRELLA DE LA MEMORIA

Aquel último domingo de la primavera de 1971 yo acababa de cumplir los 14 años, y ella, Manuela López, la más delicada poeta que he conocido, por el caminito de papel de la arena y el viento, los 61. Época de extrema soledad, pérdida y ausencias, que de alguna manera fue la historia, emotiva y civil, de su vida. Yo era un chaval que prefería ir a la alameda a escuchar versos en vez de a las campas a jugar al fútbol. Por entonces los dos Antonios, Pereira y Gamoneda, junto a Victoriano Crémer, organizaban en nuestro pueblo, Villafranca del Bierzo, la Fiesta de la Poesía, un milagro de inteligencia en tiempos donde las aguas de la oscuridad comenzaban a desembocar en la imaginación de otro más anhelado bien. Aquella mañana, en la república de los ruiseñores, leyó sus versos Manuela López, una maestra de Cacabelos, ciudad cercana entre las brumas del río Cúa. La víspera, junto al retrato de un lampiño rapaz, la prensa comarcal publicaba los primeros poemitas de un incipiente soñador, al que Manuela, generosa y dulce, quiso conocer. Entre los mirtos, literalmente venenosos, de aquel paraíso perdido, su amistad sería el antídoto contra otros tósigos impronunciables del recuerdo. Ahí comienza mi vínculo con Manuela, un encuentro en la vieja casa familiar, arruinada por las lluvias, en la que un ilusionado niño leía sabe dios qué levedades líricas a la atenta y misericordiosa poeta. Su afecto fue tan súbito como el fervor que ya nunca dejé de tenerle. Su drama personal era conocido en El Bierzo, y del que mi padre no tardó en hacerme confidencia. Manuela estudiaba Magisterio, y durante su estancia en Madrid se formaría en los postulados pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza. De regreso a su villa natal, se casa en abril de 1936 con José Núñez, un sobresaliente y apuesto estudiante de Medicina, hijo de un reputado médico progresista de la zona. A los seis meses de embarazo del que sería su primer hijo, su joven esposo será fusilado en León tras el golpe de estado fascista, sin mediar otra causa que la acusación de ser demócrata. Manuela dará a luz, en el paroxismo del dolor, a una criatura huérfana de padre… La historia es trágica y conmovedora, pero ni el desvalimiento, ni la indefensión ante la máxima crueldad del crimen político, lograrán arrancar de Manuela la creencia que ha de configurar su vida: la pasión por la libertad y su lealtad a la memoria de la dignidad civil, la inocente herramienta de las palabras con la que reconstruir algún día la casa de la verdad. El niño que yo comenzaba a dejar de ser escuchó aquel relato, oyó la voz redentora que era la poesía de aquella mujer, fraterna como la mano de un ángel, la primera enunciación de la conciencia ética de lo bello y lo justo. Ante el muro de silencio y miedo, la desobediente consigna de su esperanza fue la ejemplaridad de la conducta, la de quien sostenía en una mano la lámpara de la misericordia y la invisible legislación de la honradez en la otra. Fiel a las leyes solares del destino Manuela volvió a amar, fue de nuevo madre, escribió una docena de libros de poemas, palabras que siguieron al viento por la senda íntima de las grandes ausencias hasta llegar al corazón moral de la tierra. «Septiembre y lluvia. Septiembre ladrón de la dicha», canta ahora Paco Damas, en el milagro que aúna su voz con la justicia poética que esperaban los versos de la poeta. Ha transcurrido el tiempo de la impaciencia y del olvido, más de veinte años desde que su vida cerró la última página entre nosotros para abrir otra en el más definitivo libro de la duración de los testimonios celestes. Y ahí sigue, en nuestra existencia, como un astro sobre la intemperie nocturna y el otoño rojo de los valles del Bierzo, ella, esa estrella que, luminosa y eterna, llevará para siempre en la lejanía del universo su nombre: Manuela López.

LUIS MIGUEL MIÑARRO

INVISIBLES

Querida lectora, lector:

Debes tener en cuenta que este proyecto resulta un homenaje, un ejercicio de recuperación de la memoria, un intento de reparación en favor de tantas mujeres de nuestro pasado reciente que, a pesar de su enorme contribución al desarrollo cultural de nuestro país, sufrieron, en mayor o menor grado, discriminación, olvido.

Todo ello, porque ya apenas se discute que la historia que nos han venido relatando «dice muy poco de lo que realmente ocurrió [y] se reconoce y se entiende como parcialidad la construcción de un relato histórico que prescinda de ese cincuenta por ciento de la humanidad que son las mujeres» Flecha, C. (2004, p 22).

Se trata, también, de una propuesta que tiene vocación de presente y futuro. Al pasado llegamos tarde, pero volver a él nos debe servir para tomar conciencia, para evitar que la «ceguera» nos deje indiferentes ante la desigualdad, la invisibilidad, ya que esta es otra forma de violencia contra las mujeres que debemos seguir combatiendo.

Por todo ello, permítenos aquí ofrecerte en primorosa sinestesia este proyecto, «Invisibles», para ser disfrutado por medio de la música. No obstante, parafraseando a Gabriel Celaya, no lo consideres como un producto cultural más, para seguir siendo neutral, lavándote las manos, desentendiéndote, evadiéndote.

Te reclamo, entonces, para que tomes partido en favor de la igualdad en una sociedad que pretendemos más justa, más libre.

ROSA MONTERO

LA VERDADERA HISTORIA DE LA HUMANIDAD ESTÁ AÚN POR ESCRIBIR

La verdadera historia de la Humanidad está aún por escribir. Durante mucho tiempo creímos que había tan pocos referentes femeninos en nuestro pasado por las durísimas condiciones de discriminación que habíamos tenido que soportar las mujeres: sin acceso a los estudios ni al trabajo, sin derechos propios ni poder, parecía comprensible que no hubiéramos podido hacer gran cosa. Pero no, ahora sabemos que la verdad es aún mucho peor: pese a esa brutal discriminación, miles de mujeres se las arreglaron para hacer cosas extraordinarias en todas las épocas y todos los países. Y el problema es que una historia sexista se encargó de olvidarlas. Nuestra idea del mundo es una idea mutilada que borra las importantísimas aportaciones que las mujeres han hecho a lo largo de los siglos en todos los registros de la sociedad, del arte y de la cultura. Proyectos como este nos permiten asomarnos a la maravillosa complejidad del talento femenino.

VANESSA MONTFORT

FIRMANDO LEJÁRRAGA
LA MUJER SIN NOMBRE

Imagina a un autor capaz de vivir cien años y de publicar noventa obras entre poesía, prosa, ensayo político, guion y teatro. Imagina ahora que ha escrito Canción de cuna, uno de los textos más representados de su época, llevado al cine en cinco ocasiones —desde Hollywood hasta Garci—. Imaginemos que adapta uno de sus cuentos infantiles a guión y éste acaba convirtiéndose en La dama y el vagabundo. Imagina que se enamora de la música y da a luz libretos como El amor brujo, El sombrero de tres picos, Margot o Las golondrinas. Imaginémoslo escribiendo mano a mano con Marquina, Arniches, Turina y Falla, convirtiéndose en parlamentario, alzando su voz por la igualdad y por el voto femenino, fundando una revista con Juan Ramón Jiménez, sobreviviendo a guerras civiles, mundiales y exilios por Europa y América. ¿No sería uno de los autores españoles más importantes del siglo XX? Ahora imaginemos que también fue capaz de mantener su nombre siempre oculto pero que sí dejó un esmerado rastro de cartas, quizás, para que llegaran hasta nuestros días. Ahora cambiemos su género e imaginemos que no es un autor, sino una autora oculta a la que llevo siguiendo tiempo, un rastro de migas de pan para darle rostro, voz, sexo y nombre a María Lejárraga. Yo le dediqué una obra de teatro y una novela. Ahora, me hace muy feliz que tú la devuelvas a su tercer elemento y le pongas música.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA

HUELLAS DE ZENOBIA

Zenobia Camprubí es la presencia definitiva en la vida y en la poesía de Juan Ramón Jiménez: Los poemas de amor que él le dedicó son de los más bellos de la poesía española del último siglo: pero también hay una belleza estremecedora en las cartas que le escribió ella, y en el diario que fue escribiendo a lo largo de su vida, sin el cual no se puede entender ni la persona de Juan Ramón, ni la vida cultural de nuestro país en su breve edad de plata de los años treinta, ni la amargura de un exilio sin consuelo y sin reposo, sin arraigo ulterior posible. La mujer de pelo rubio y ojos muy claros de los poemas de Juan Ramón circula en el Madrid anterior a la catástrofe conduciendo un automóvil, dedicándose a tareas tan poco femeninas como la de conducir, urdiendo negocios, alquileres de pisos para profesores y universitarios extranjeros, una tienda de artesanía popular, en una época en la que lo popular empezaba a no ser despreciado o malbaratado, cuando los poetas y los músicos se volcaban hacia esa tradición como hacia un manantial limpio del que alimentarse. Zenobia es la mujer de sensibilidad aguda y delicada que también ha de ocuparse siempre de las cosas prácticas, de sostener el frágil equilibrio mental de su marido, de ayudarlo a aislarse del mundo y también a conectarse con el mundo. La imaginamos en las sesiones de teatro del Lyceum Club; o asistiendo a las conferencias y los recitales en la Residencia de Estudiantes. Leemos sus diarios y viajamos con ella y con Juan Ramón, leales a la República y fugitivos del horror de la guerra, defendiendo en Estados Unidos, en Cuba, en Puerto Rico, la causa popular, con la misma entrega con que se habían esforzado en sus últimos días de Madrid por acoger a niños desamparados, a hijos de fusilados o de fugitivos del avance enemigo. En el dolor, en la enfermedad, en el cansancio extremo, Zenobia no pierde nunca el brillo claro de los ojos, la expresión enérgica de su cara. Ella es uno de los fantasmas tutelares de la mejor vida española.

JULIA NAVARRO

LAS IMPRESCINDIBLES
LAS SINSOMBRERO 2

Hasta el siglo XX la transmisión del conocimiento de la Historia ha estado en manos de los hombres, de manera que lo que se contaba de las mujeres era poco más que apuntes a pie de página.

Y me temo que los escolares de hoy continúan sin tener un conocimiento preciso de tantas y tantas mujeres que dejaron un legado extraordinario.

Durante los felices, y no tan felices años 20 y 30 de nuestro pasado siglo, en tiempos de la II República hubo un número importante de mujeres escritoras, filósofas, artistas, educadoras, cuyas obras no han obtenido el debido reconocimiento.

Por eso me uno al aplauso que merece Paco Damas de poner su música a la «voz» de estas escritoras: Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Carmen Conde, Ernestina de Champourcín en la primera parte de Las Sinsombrero y a María Zambrano, María Teresa León, María Lejárraga, Zenobia Camprubí o Concha Zardoya, en esta segunda entrega.

Imagino la sorpresa que para muchos jóvenes y no tan jóvenes va a suponer encontrarse con los poemas, novelas, reflexiones de autoras realmente extraordinarias.

Autoras contemporáneas de García Lorca, Alberti, Salinas, etc, todos ellos poetas y escritores que, ¡afortunadamente!, se han podido estudiar en los libros de texto.

Fueron mujeres que pagaron un precio apostando por la libertad personal y, por tanto, de creación luchando contra los prejuicios de su época. Mujeres independientes y, también, incomprendidas que se abrieron paso sin dejarse avasallar.

Entre mis libros más queridos están El Barrio de las Maravillas de Rosa Chacel o Memoria de la Melancolía de María Teresa León, o los poemas de la singular Josefina de la Torre, novelista, cantante, actriz, poeta… También de Soy la madre de Carmen Conde o La Tumba de Antígona de la gran filósofa María Zambrano. Sin olvidarme, por supuesto, de los Poemas del Ser y del Estar de Ernestina de Champourcín. Autoras y libros que fui descubriendo en el transcurso de la vida porque penas había mención a alguna de ella en los libros de Literatura del bachillerato.

Por eso me parece emocionante la iniciativa en su primera parte «Las Sinsombrero» y en esta segunda «Invisibles» de Paco Damas y me siento honrada por su invitación de estar «aquí», un poco más cerca de ellas.

ELENA PONIATOWSKA

INVISIBLES DE PACO DAMAS

Durante décadas, la mujer ha sido la gran olvidada de la historia. En México, una sola mujer brilla en el cielo, la Virgen de Guadalupe. En la escuela nos hablan de doña Josefa Ortíz de Domínguez pero no tenemos muy claro lo que hizo, solo que adelantó la Independencia. Claro, ahí están María Félix y Dolores del Rio y la India María. A mí me sedujo Vitola, alta y flaca, con una voz de pito quien cantaba chiribiribi. Todas las sorjuanistas entronizaron a Sor Juana que se quejó del maltrato a las mujeres en el Siglo XVII con sus «hombres necios que acusais a la mujer sin razón»… Hoy las mujeres tienen que nadar a contra corriente para abrirse camino y llegar a destacar en una sociedad en la que los logros de los hombres son los más festejados. A Tongolele en el Teatro Blanquita le gritaban a desde gayola «Vuelta, vuelta, vuelta» y supongo que los aplausos eran para todas las mujeres jóvenes y viejas.

SOLEDAD PUÉRTOLAS

MUJERES

Este nuevo homenaje musical que realiza Paco Damas a las mujeres que transitaron por territorios literarios y cuya obra ha ido cayendo en el olvido, trae a nuestro presente una parte importante de la realidad. Estas mujeres escribieron, publicaron libros y, en algunos casos, tuvieron cierta relevancia social. Todas ellas fueron conscientes de las dificultades especiales que, por el hecho de ser mujeres, conllevaba escribir y publicar sus obras. Arrogarse el derecho de escribir, de formar parte de la vida social y aspirar al reconocimiento no eran los fines a los que debía encaminarse una mujer.

Las mujeres que, pese a los obstáculos y limitaciones a los que hubieron de enfrentarse, no renunciaron a su más imperiosa vocación, tuvieron que pagar un precio por ello. Un precio distinto en cada caso. Sus vocaciones, sus ambiciones, eran, también, distintas. Cada una de estas mujeres fue -siguiendo la estela que marca la famosa frase de Tolstoi- desgraciada a su manera. Y todas dejaron un legado que, en algunos casos, es prácticamente desconocido. En este homenaje, Paco Damas se propone traer su legado a nuestra memoria y reconstruir el mapa de nuestros recuerdos, de nuestra historia literaria, construida por obras de hombres y mujeres.

Parte de los nombres de estas mujeres son conocidos. Otros despiertan en nosotros vagos recuerdos. Otros de sus nombres pueden resultar completamente nuevos para muchas personas. Algunas de estas mujeres fueron militantes feministas, fervientes partidarias de los derechos de la mujer. Otras, sufrieron el exilio porque, aún sin estar adscritas a una ideología política determinada, no tenían cabida dentro del clima de opresión que reinaba en la España de su tiempo. El viaje marca buena parte de las vidas de algunas de estas mujeres, que estuvieron muy atentas a las diferentes formas de vida que imperaban en los distintos países que conocieron. Varias de ellas pertenecieron a un ambiente culto y liberal. En algunos casos, tuvieron como maridos a poetas o intelectuales ilustres, cuya sombra se ha proyectado sobre la bra de las escritoras, difuminándola.

Feminismo, inconformismo, curiosidad intelectual… Estos son los ingredientes que, combinados de muy diferentes formas, encontramos en las obras de estas escritoras. Fueron incómodas para la sociedad de su tiempo, y buscaron, cada una a su manera, el modo de resolver su propia incomodidad interior.

JUAN JOSÉ TÉLLEZ

CONCHA ZARDOYA, EN LA PATRIA DE LA PALABRA

Su única patria era la palabra. Así lo dejó escrito. Concha Zardoya (Valparaíso, Chile, 1914 – Madrid, 2004) es una autora tan prolífica como orillada. Como tantas otras. Su caso resulta, sin embargo, paradójico porque su longevidad le permitió vivir una época de puesta en valor de la literatura escrita por mujeres pero no fue suficiente para consolidar su nombradía.

Nacida en Chile, crecida en América pero afincada en Madrid, desde el promisorio año de 1931, en Valencia le sorprendió la guerra, con tan sólo 22 años de edad. Exiliada en Estados Unidos hasta la recuperación de las libertades en 1977, tanto su humanismo cristiano como su inquietud por la realidad social del tiempo terrible que le tocó vivir, le condujeron a la obra de Miguel Hernández, con cuyo credo y utopía compartió una prolongada sentimentalidad desde que llevase al poeta de Orihuela a un programa de radio para leer sus versos.

El desterrado ensueño (1955), La casa deshabitada (1959), Corral de vivos y muertos (1965) -¿un guiño a Julio Mariscal?- y Hondo sur (1968), le consagraron como una poeta lúcida y emocional, que mantuvo sus constantes hasta avanzada edad, con títulos como Altamor (1986), Retorno a Magerit (1986) o Patrimonio de ciegos (1992), sin descartar su última obra, Ronda del arco iris, poemas para niños. Súmese a todo ello su obra crítica, su literatura infantil y su confianza en la poesía como poder sensibilizador para salir de las monstruosidades del momento, como ayuda para la convivencia.

He aquí un retrato sucesivo de Concha Zardoya: la alumna de Américo Castro y de Ortega y Gasset, la admiradora de Jorge Guillén y de Pedro Salinas con muchos otros autores del 27, la maestra de obreros y soldados durante la contienda española, sus primeros poemas en Hora de España, pero también la dependienta en una tienda de muebles, la humilde costurera superviviente, la guionista de cine, la que se escondió bajo el nombre de Concha de Salamanca, hasta que gana un accésit del Premio Adonais de Poesía con la obra Dominio del llanto.

El título de su tesis, «España en la poesía americana», constituye también una metáfora de lo que fue, un puente entre dos mundos tan próximos como lejanos, a la que ella dedicó un interés mestizo que le llevó desde La Araucana de Alonso de Ercilla al aliento libertario de Walt Whitman o sus traducciones de Charles Morgan.

Concha Zardoya fue también una de las pioneras a la hora de celebrar la poesía escrita por mujeres; su libro El don de la simiente está dedicado a todas ellas, desde Rosalía de Castro a Gabriela Mistral o Carmen Conde. Ella misma fue, según Isabel Calvo de Aguilar, «la voz femenina más pura revelada después de la guerra». Hace ya tiempo que se adentró en «un callado espacio sin salida». ¿Dónde está ella, dónde su obra? Su fértil memoria descansa sobre un desierto de anaqueles.

JULIA UCEDA

(«SIN MUCHA ESPERANZA», 1966)

A Edith Piaf

Te han condenado.
Una oración,
como limosna insuficiente,
ha caído
sobre la tapa de tu féretro.
Te han condenado, Edith,
por querer ser
la excepción que confirma
la regla. Porque
querías,
tú, gorrión
de la calle, ser
la regla. Porque
intentabas salirte de la calle.
Te han condenado como
si Dios no fuese amor. El dedo
ejemplar
-una uña sucia, como
si lo viera- se alzó
sobre tu frente
y mostró al mundo
que sólo esa limosna -por si acaso…-
merecías.

De nuevo a la intemperie.
Esta vez «a la calle»
te han dicho.
A la calle amarilla
de los muertos, sin Senas,
sin flores, sin guitarras.

Pero tú, Edith, sonreirás.
Tuviste ya tu infierno
al borde de la cuna: sabes
lo que un niño criado con alcohol.
Edith, mystère Piaf, rezabas
no al morir, al cantar;
y sin saber por qué,
por quién acaso. Ahora
es cuando cantas en la inmensa calle
de Dios, alegremente,
Edith, mystére Piaf.

Ahora su voz no se oye pero cantó su vida y la de mujeres de aquel tiempo. Sus años fueron los del existencialismo concluida la segunda guerra mundial (vivió desde 1915 a 1963). Canta su vida narrada en mi poema: la uña sucia es la del sacerdote que la bendijo despues de su muerte porque su historia, demasiados amantes, entre otras libertades como consecuencias de la desgracia. ¿Cuántas mujeres, cuántos hombres en el mismo grupo? Algunas de sus mejores canciones, fueron muchas: La Vie en Rose, Del otro lado de la calle, Non, je ne regrette rien (1961). Comparen la fecha de esta canción con la de su muerte.

JUAN VIDA

DIBUJO DE MARÍA TERESA LEÓN

IDA VITALE

FORTUNA

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.

RAÚL ZURITA

CONTRA LA INVISIBILIDAD

En cada mujer invisibilizada hay infinitos universos que se invisibilizan, infinitos mundos que colapsan, infinitas maneras de reir que mueren, infinitas puestas de soles rotas, modos infinitos de abrazarse que se hacen añicos. En cada hombre que vive hay infinitas mujeres invisibilizadas, quemadas, muertas. Una de esas mujeres soy yo, querían que escribiera como escriben los hombres: «dedo», «pelo», pero yo quería escribir «Yo soy la que se quema la cara, yo soy la que se arrancó a mordiscos la virgen de entre las piernas».

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