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ROSAS DE CADA DÍA
La Soledad Sonora
(1908)
Nacía, gris, la luna, y Beethoven
lloraba,
bajo la mano blanca, en el piano de
ella...
En la estancia sin luz, ella, mientras
tocaba,
morena de la luna, parecía más bella.
Teníamos los dos desangradas las
flores
del corazón, y acaso llorábamos sin
vernos...
Cada nota encendía una herida de
amores...
-...el dulce piano intentaba
comprendernos-.
Por el balcón abierto a brumas
estrelladas
venía un viento triste de mundos
invisibles...
Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía
de cosas imposibles...
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